Imagen: LNE/M.C.
La Plaza del Mercado.
Gonzalo Barrena
Cuando muchas ciudades ibéricas planeaban ensanches y desahogos, aquí se lograron ganándole espacio al mar. Justo al borde de una de las aceñas, se levantó a mediados del XIX la bellísima Plaza del Mercado, otra singularidad en la arquitectura de la región. En las imágenes de época se observa cómo el burgo llega hasta el mismo borde del muelle antiguo, que aún habría de estrechar la ría varios centenares de metros más. En su periferia, términos como “aceña” o “azud” salpican la toponimia de ribera, dejando constancia de la pelea con el agua y el flujo de mareas, porque todos esos nombres tienen relación con el aprovechamiento de los caudales, sean de río o sean de mar. El ingenio siempre antecede a la industria.
En la Alta Edad Media, las ciudades brotaban en torno a algo, generalmente castillos o enclaves comerciales, y eso fue lo que le pasó a la villa de Avilés. Pero como ya tenía entonces dos razones para prosperar, puso a cada lado del río Tuluergo -qué nombre- la parte correspondiente de su condición partida, mitad puerto, mitad mercado, y así crecieron a cada lado de la ensenada el burgo comercial y el barrio de pescadores. Entre ambos, consolidado el suelo palustre que los separaba, emergió la Plaza del Mercado o de “Las Aceñas”, en referencia a los ingenios de molinería que trabajaban allí. La plaza, abarrotada de identidad, se percibe únicamente desde el interior, como casi todas, pero aquí de forma más acusada: su cara externa es compleja, resultado de arquitecturas diversas, pero la entraña de la manzana, es decir, La Plaza propiamente dicha, está alineada con la razón del hierro y del cristal, vueltas sobre sí las galerías que en todo el Cantábrico suelen mirar al sol o al mar; y que la hacen bella, homogénea y apacible, al margen de los vaivenes de la mercadería.
Sin atender al desacierto en el galpón que aloja los puestos, La Plaza aún está a la espera de un Bardem que plasme, como en Calle Mayor (1956), el imaginario de quienes pisan el ínclito paralelogramo.
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Publicado en el diario La Nueva España el 7 de julio de 2025.