Conjunto escultórico realizado en el Taller Vega Mier por Cipriano Folgueras Doiztúa sobre el sepulcro de los marqueses de Nieva, en Aviles. (“El Cementerio de La Carriona”, Lucía Garcia Gonzalez). Imagen: Maia Rozada.

La Nueva España, 21 de septiembre, 2026.

La Carriona II: el ángel señalador

Gonzalo Barrena.

Cuando en 1885 el gobierno municipal decide sacar a los muertos de Avilés por cuestiones de higiene, está facilitando un arte sacro que volará sobre guerras y repúblicas, replicará los barrios post mortem y habilitará un espacio verde y calmo para el descanso de todos.

Así fue como brotó en La Carriona un otoño de sepulcros al combate de la muerte arrebatadora, intentando retener al que se va de este mundo y conservar la arboladura del orden social. En los hipogeos de La Carriona, la creme de la ciudad lucha por consagrar el status quo, queriendo convencer de que Dios señala con mármol de Carrara las vidas notables.

La arquitectura funeraria se puso al pairo de aquello en planta y volumen, y los escultores sutiles hicieron su trabajo al servicio de lo perpetrado en vida por traficantes de paño, caldereros protoindustriales, banqueros indígenas y toda una legión de comerciantes ultramarinos, con pasados imaginarios que se hunden en el lodo épico de Pedro Menéndez de Avilés. Y la razón de casta penetró a martillo y cincel en el “otro barrio”, empeñándose en consolidar el sueño burgués de que seguirá habiendo clases en ultratumba.

No obstante, resulta vano perpetuar el distingo en los camposantos, y más aún en Avilés, con los demonios atmosféricos bruñendo en gris lapidario los sepulcros, y la advertencia en espejo de un ángel señalador: todo esto de aquí no vale arriba, pues las reglas del más allá son comunistas y al lado de Dios se disipan los rangos, parece decir, mientras apunta al cielo con ese punto “queer” que tienen los seres de orientación discutible.

Posada la trompeta del “os lo dije” sobre el cofre de activos que los marqueses de Nieva no van a poder llevarse, el ángel deja claro que allí donde van las almas no sólo están abolidas las categorías de orden sexual, sino también las otras, y que no tiene mucho sentido prolongar esa lucha de mármol y clase contra fosas, nichos o cruces de esas que brotan a ras de suelo sobre una tierra humilde y leve.

Sic transit.