Imagen: Codex Vigilanus, una de cuyas partes es la Crónica Albeldense, en la que se monta el relato monárquico asturiano.
El Fielato, 4 de noviembre, 2026.
Súbditos
Gonzalo Barrena
No sé por qué hay tanta peña que se esmuele en aclamar a reyes y princesas. Entiendo que los rapaces, por mor de los cuentos, sueñen con ponerse tiestos de oro en la cabeza. Entiendo también que ciertas personas resuelvan la monotonía con chismes de familia, pero no soy quién a comprender la voluntad de declararse súbditos entre quienes heredan tan sólo el arte de trabajar.
La monarquía asturiana nació de la propaganda visigoda, que relató los hechos de aquel siglo VIII a medida de la corte incipiente, cuando Oviedo se preparaba ya para vivir del cuento. Lo llamativo es que trece siglos después el carnaval prosiga con tanta salud. De ahí que La Escandalera, con las fuerzas republicanas acantonadas bajo el cielo quechua, sean toda una esperanza en estas Asturias Barbonas.
Una de estas mañanas se desperezaba una joven con pendiente nasal y varias briznas teñidas entreverando el cabello. En su fisonomía se podían leer las horas de discusión y política de la tarde anterior. Tomaba un café en un vaso de plástico al filo de las ocho, porque a las nueve de la mañana tenía clase en Filosofía.
Supongo que una de las primeras medidas de Abascal, si llegare, será la de capar esa disciplina díscola en el Bachillerato, dejándola como opcional y salvaguardar así al alumnado de Ciencias y Tecnologia. Las Humanidades, como los barrios pobres, pueden quedar a merced del librepensamiento.
Por eso serán probes, utópicos y jóvenes en demasía quienes plantan su realidad en un Oviedo de teatro, pero cuando alguien le preguntó a la rapacina lo que había sacado en “Medieval” y dijo “sobresaliente”, una brisa ciudadana y a contra-súbdito le iluminó la cara.