Casa de Ramón Fernández, en San Francisco. Imagen: Maia Rozada.

La Nueva España, 5 de enero, 2025.

El acomodo

Gonzalo Barrena

En la Calle San Francisco no se puede decir que destaca, porque se integra, una de las hermosas piezas que Manuel del Busto ha aportado al patrimonio histórico de Avilés.

Manuel del Busto y Delgado (Cuba,1874 – Gijón, 1948) fue un arquitecto con orígenes avilesinos que retornó a España, se tituló en Arquitectura y pobló la región de obras singulares. El Teatro Palacio Valdés, en la villa, y el Centro Asturiano de La Habana constituyen dos muestras destacadas de su labor, pero en las edificaciones menores se aprecia igualmente el tino y la identidad de su estilo.

La “Casa de la Peineta”, conocida así por el remate en pináculo que acabó perdiendo con el tiempo, recibió en 1901 la licencia de construcción. Completaba con los edificios adosados la sustitución de las casas con corredor de madera, sobre soportales, que apretaban la Calle de La Canal (hoy San Francisco). La ciudad burguesa se empoderaba sustituyendo desde el centro hacia la periferia los edificios populares, en un momento boyante para el comercio avilesino.

Del Busto supo adaptarse a la complejidad del solar, estrecho, con la línea de fachada en oblicuo a las medianeras, y diseñó el edificio de tres plantas sobre soportal que aún hoy resplandece en el comienzo de San Francisco. La casa se ajustaba a la oportunidad, enriquecía la manzana y operaba en orquesta. Aunque “la peineta” perdida expresaba la intención de distinguirse, existían las reglas sagradas del común, o urbanismo.

Como en la sección viento-madera de una orquesta, donde incluso el fagot se sujeta a la sinfonía, la «arquitectura de la integración» regía el crecimiento de la ciudad. Por contra, hoy, en la “arquitectura de la deposición” una estrella, una multinacional y una corporación inadvertida perpetran actuaciones tan cuestionables como irreversibles. El accidente conocido como “Calatrava” en Oviedo es uno de los máximos exponentes, aterrizando en medio del barrio de Buenavista como las naves de “La Guerra de los Mundos” (2005) lo hacían en la película de Spierberg.

En las antípodas de tal desmesura, Del Busto innovaba con su modernismo, completando con motivos orgánicos la elegancia de sus volúmenes. Y enriquecía el paisaje urbano atendiendo a ese axioma infalible que consiste en acomodarse a él.