Torre de La Ribera y frente marino de Luanco. Imagen: Maia Rozada

Una torre civil

Gonzalo Barrena.

El siglo XVIII alumbró también en Asturias las iniciativas civiles, como la construcción de la “Torre del Reloj” en la villa de Luanco, sobre la fachada marítima que conserva -para bien- la capital de Gozón. Qué siglo aquel y qué luces tenían entonces los Ayuntamientos.

Porque la torrezuela que da nombre a la plaza tiene el sello suave de la Ilustración asturiana, con su arquitecto Manuel Reguera como hacedor y el jurista Gil de Jaz entre sus promotores. A mediados de siglo, las Asturias vetustas se desperezaban y la obra civil se aupaba desde muchas manos, con puertos, carreteras y hospitales en efervescencia mientras Feijóo completaba su vida en Oviedo y nacía Jovellanos, para rematar un tiempo astur de arquitectura notable.

A ese teatro universal pertenece la construcción, pensada para alojar una campana y un reloj que pusieran en hora la actividad de la villa, tan necesitada de rigor entonces como lo están hoy los mercados universales del dato: en tiempos de presunta inteligencia, navegan el océano de Internet arrastreros de conveniencia que, con redes de corta y pega, traen a puerto información en mal estado. Después, la falsedad se replica continuadamente, pues las redes son tan nocivas como gratuitas, y a la torre de Luanco se le asignan -en el por ahí digital- usos y fechas bochornosos.

Contra todo ello, suele resultar eficaz la Historia que nace pegada a la tierra y sigue con perseverancia el rastro de las cosas. Ignacio Pando Garcia-Pumarino historiador y cronista de Gozón precisa entre 1752 y 1759 la construcción de la torre, la autoría de Reguera y el impulso de Isidoro Gil de Jaz, despejando la incertidumbre, pues así se plantó el edificio en el burgo marinero, cuando se había vuelto esencial saber para quién doblan las campanas en uno u otro momento del día.

Desde entonces la Torre de La Ribera marca las horas y permanece como testigo de un tiempo distinto en los modos de construir: lógico, civil, hermoso y útil al común, justo lo contrario al urbanismo desbocado actual y a los parques de baterías que se ciernen hoy sobre la villa más septentrional de Las Asturias.