Norina y José María Remis frente a su cabaña de Vegarredonda. Imagen: Archivo AFM.
El Fielato, 4 de marzo de 2026.
La historia de Carmen
Gonzalo Barrena.
Todo lo que ha pasado antes de nosotros nos compone. Las dieciséis páginas de “Semblanza de los Remis de Vegarredonda, pastores y guías del Cornión…” de Carmen Castro Remis (con acceso libre en Internet) suponen un refugio cierto para esa memoria colectiva que se desliza vertiginosamente hacia el olvido.
La autora, en tiempo de clase y pupitres, ya dejaba entrever la merecida lealtad a toda esa “civilización” (el término es de Unamuno) que plagaba de conocimiento una tierra compleja y dura. Porque es imposible sobrevivir a los días de la peñe sin criterio ni medida, porque es muy difícil echar adelante rebaños y familia en medio de la encainada, por poner tan solo una de las adversidades que visitan repetidamente las majadas de Los Picos.
Pero entre todas y todos los hacedores de queso y cultura, merecen especial reconocimiento los más sabios, muchos de ellos a la espera del debido reconocimiento. Nora y José María, abuelos de Carmen, lo recibieron de montañeros innumerables y de grupos, agradecidos por su inmensa filantropía, como se detalla en el pulcro artículo de la Revista Vetusta, donde la autora echa a cuayu la memoria de todo el linaje con una humildad brillante y un inmenso valor transitivo.
Porque el pensamiento y el lenguaje de Los Remis vienen de los siglos, sí, pero en la rimaya del espacio-tiempo que nos toca vivir se ha abierto una brecha insalvable: a un lado queda el mundo pastor; al otro, un futuro artificial de inteligencia presunta. Y en la fractura son esenciales los botiquines.
La historia de Carmen Castro, por la valiosa herencia de tantos sabios que en su mundo han sido, contiene algunos remedios para paliar el olvido que nos azota.